3 de enero de 2013

Bus turístico

El servicio de micros turísticos de Buenos Aires funciona desde el 23 de abril de 2009. Los vehículos cuentan con capacidad para 50 personas sentadas y con la asistencia de un guía especializado en turismo porteño.

Existen dos recorridos, el Azul y el Amarillo. Los tickets sirven para ambos recorridos, los pasajeros pueden bajar y subir en cualquiera de las paradas y los trasbordos entre recorridos se realizan en las paradas de conexión.

Los boletos se compran en el mismo bus, en el Centro de Información Turística de Recoleta , Centro de Información Turística Plaza Roberto Arlt y on line a través de la página web del bus turístico.

Visitas guiadas a sitios de interés

La oferta de visitas guiadas en Buenos Aires es enorme. Durante todo el año, los expertos llevan a turistas y locales a conocer edificios históricos, parques, cementerios, museos, teatros, templos, galerías de arte.

Hay, entre muchísimas otras, visitas en el Zanjón de Granados (un sitio arqueológico en medio de la ciudad); en la Casa Rosada; en el Congreso; en los teatros Colón y San Martín; hay visitas nocturnas en la Reserva Ecológica de Costanera Sur; hay circuitos temáticos.

Esta temporada, el Ente de Turismo combina naturaleza, historia y arquitectura en tres visitas guiadas: al Palacio de Justicia (la sede de los tribunales, en pleno centro porteño); a la exhibición “Joyas del Centenario” (en el predio de La Rural en Palermo) y al zoológico porteño, donde a todas las especies de plantas y animales se suman edificios de gran importancia arquitectónica.

Abasto

La denominación "Abasto" no figura en los registros catastrales de la Ciudad; sin embargo, hay una zona del barrio de Balvanera a la que los porteños, desde comienzos del siglo XX, conocen con este nombre. Ello se debe a que aquí funcionó, hasta 1984, el Mercado de Abasto, que transformó la vida de estos suburbios de chacras y potreros en un lugar bullicioso y muy transitado. El Abasto acogió a inmigrantes de distintas procedencias y en él se levantaron pequeños teatros, circos, fondines, cantinas y bares. En los alrededores del Mercado vivieron algunos de los artistas que definieron las formas modernas de la música porteña: Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y el más famoso ícono del tango, Carlos Gardel.

Belgrano

En 1855 se le dio el nombre de Belgrano a un asentamiento ubicado al norte de Buenos Aires, en homenaje al militar, político y creador de la Bandera argentina. El pueblo creció y, según los parámetros del siglo XIX, se lo declaró ciudad. En 1880 alojó al Gobierno nacional, enfrentado en aquel entonces a las autoridades porteñas. Después del conflicto, por una ley de 1887, el territorio de la ciudad de Belgrano se convirtió en un barrio más de Buenos Aires. En la actualidad, la zona presenta una intensa actividad comercial, concentrada fundamentalmente en la avenida Cabildo. Algunos lugares del barrio conservan sus antiguas casonas y residencias señoriales, que conviven con edificios altos y modernos.

Recoleta

Cuando en 1580 Juan de Garay fundó la Ciudad de Buenos Aires, repartió tierras entre los integrantes de su expedición. El sector comprendido por el actual barrio de Recoleta fue concedido a Rodrigo Ortiz de Zárate. El nombre de este barrio porteño deriva del Convento e Iglesia de los frailes recoletos que llegaron aquí a principios del siglo XVIII. Era común que las órdenes religiosas tuvieran sus conventos alejados del centro de la metrópoli –por esos años limitada al entorno de la Plaza de Mayo– para las prácticas de retiro espiritual y contemplación. Hacia fines del mismo siglo las grandes chacras y quintas, como también los baldíos deshabitados del lugar, comenzaron a dividirse y a poblarse. El único camino que unía la zona con el centro era una calle larga, la actual avenida Quintana. Hacia 1830 se inició la remodelación urbana de Recoleta, con la apertura de la avenida Callao. Tras las frecuentes epidemias de cólera y, sobre todo la de fiebre amarilla de 1871, las familias más ricas del sur de la Ciudad se desplazaron al Norte y así fueron poblando la zona. La consolidación definitiva del barrio fue obra del primer intendente de la Ciudad, don Torcuato de Alvear. A partir de entonces comenzaron a construirse opulentos palacios rodeados de jardines, copiando el modelo europeo, especialmente el francés. Los arquitectos y la mano de obra eran por lo general extranjeros, y los materiales, importados. Hoy el barrio se distingue por la calidad de su arquitectura, el carácter aristocrático de sus residencias y palacios, y sus espléndidas plazas. La Iglesia, el Cementerio y el actual Centro Cultural constituyen un conjunto arquitectónico rico en historia. Una serie de locales de esparcimiento convoca a los visitantes conjugando música, gastronomía y paseo. En los espacios verdes, de vegetación profusa y árboles añosos, se desarrolla un amplio abanico de actividades, donde convergen el quehacer cultural y la recreación junto con recitales, ferias y exposiciones.

La Boca

La historia del barrio de La Boca comienza con la llegada del primer adelantado don Pedro de Mendoza en 1536. Algunas teorías, como la que sostiene el historiador Paul Groussac, aseguran que en las inmediaciones del río conocido desde entonces como Riachuelo, se estableció aquel primer Fuerte que dio origen a la Ciudad. Si bien no hay ningún documento concluyente al respecto, lo cierto es que Pedro de Mendoza y sus lugartenientes anduvieron por aquí, una zona pantanosa, poblada de sauces y pajonales. Aquel asentamiento fue abandonado a los pocos años, y cuando don Juan de Garay fundó la Ciudad en 1580, el único refugio que ofrecía a los navíos este tramo de la costa pampeana continuaba siendo el Riachuelo, por ese motivo aquí se estableció el puerto. Las tierras eran bajas, se inundaban con frecuencia y, de tanto en tanto, eran azotadas por la sudestada, viento característico de estas regiones. Durante mucho tiempo, La Boca –que debe su nombre a la entrada del Riachuelo– fue un arrabal poblado de ranchos y pulperías. A mediados del siglo XIX comenzó a aumentar el movimiento de barcos, y surgió un barrio marítimo en torno al puerto, donde se aglutinaron astilleros, silos, saladeros, curtiembres y depósitos de lana y carbón. Numerosos inmigrantes eligieron este sitio para establecerse, ante las posibilidades laborales que ofrecía el puerto. Construían sus casas de madera y chapa, sobre pilotes, para hacer frente a las crecidas del Riachuelo, y pedían los sobrantes de pinturas en los astilleros para colorear las paredes. También llegaron bohemios, pintores, escultores, músicos y cantantes. Así surgió este barrio pintoresco, lleno de vida, que inmortalizó la paleta del artista Benito Quinquela Martín.

 

 

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