La Legislatura de la Ciudad registró una baja su actividad, las sesiones en 2025 cayeron un 20%, reflejando fragmentación política, falta de consensos y dificultades para aprobar leyes clave.

En 2025, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires atravesó una reducción histórica en su actividad parlamentaria, evidenciada por una disminución del 20% en la cantidad de sesiones realizadas en comparación con el año anterior
Este retroceso estuvo influenciado por factores coyunturales, como el proceso electoral, que suelen impactar negativamente en el ritmo del trabajo legislativo. Sin embargo, el año se caracterizó no solo por la incidencia de las elecciones, sino también por las limitaciones derivadas de la fragmentación política de los bloques y la dificultad para alcanzar acuerdos. Esta falta de consensos dificultó el desarrollo de debates y la aprobación de proyectos centrales para la ciudad, generando preocupación tanto en el ámbito político como social.
El funcionamiento efectivo del Parlamento resulta esencial para la elaboración y ejecución de políticas públicas en áreas sensibles, por lo que la merma en la actividad legislativa tuvo consecuencias directas en la gestión y atención de las demandas de los porteños.
Causas de la merma: fragmentación y falta de acuerdos
El año estuvo marcado por una fuerte atomización de los bloques legislativos y la ausencia de acuerdos transversales donde el oficialismo (PRO) debió buscar acuerdos con otras fuerzas, como La Libertad Avanza, para aprobar normativas clave, incluyendo el presupuesto 2026 con proyecciones de inversión en seguridad y la nueva línea F de subte; la reforma del Código Urbanístico y la ley de Ficha Limpia.
La vicejefa de Gobierno y presidenta de la Legislatura, Clara Muzzio, reconoció las dificultades vividas: “El 2025 fue un año excepcionalmente complejo para el trabajo parlamentario. Los desafíos para construir consensos y sostener la agenda legislativa fueron enormes, pero seguimos apostando al diálogo y al compromiso institucional”, señaló.
Según un informe de la Universidad de Buenos Aires, los años electorales suelen reducir la productividad parlamentaria, pero en 2025 el efecto se potenció por la falta de diálogo y la polarización interna.
Impacto en la gestión pública: proyectos pendientes y áreas afectadas
La baja actividad legislativa tuvo consecuencias directas sobre la gestión pública, afectando principalmente la aprobación de leyes vinculadas a educación, salud e infraestructura. Entre los proyectos que permanecieron pendientes figuran la reforma del sistema de residencias médicas, la actualización del plan de obras escolares y la ampliación del presupuesto para mantenimiento urbano. La demora en estos expedientes repercutió en la calidad de los servicios brindados a la ciudadanía y pospuso la resolución de demandas históricas del distrito capitalino.
En educación, la falta de tratamiento de la Ley de Modernización Curricular dejó sin actualizar contenidos y estrategias pedagógicas necesarias para adaptarse a los nuevos desafíos. En salud, la postergación de la ley para la incorporación de tecnología hospitalaria limitó la capacidad de respuesta ante emergencias. Por otra parte, en infraestructura, la demora en la aprobación de fondos para obras viales generó retrasos en proyectos de pavimentación y mejoramiento barrial, impactando directamente en la movilidad y la calidad de vida de los vecinos.
Posturas de los bloques y estrategias ante la crisis parlamentaria
El tratamiento de la suspensión de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) fue un ejemplo paradigmático de la tensión entre bloques. Mientras la mayoría de las fuerzas avaló la medida, el Frente de Izquierda (FIT) se opuso enérgicamente, argumentando que «suprimir instancias de participación ciudadana debilita la democracia“, según expresó su legisladora Laura Ruiz. En tanto, Republicanos Unidos (RU) optó por la abstención, aduciendo que el debate no contempló alternativas para fortalecer la representatividad.
Frente a la parálisis, varios bloques impulsaron propuestas para mejorar la dinámica parlamentaria. Evolución, por ejemplo, presentó un proyecto para agilizar el funcionamiento de comisiones y establecer plazos para el tratamiento de iniciativas, mientras el Frente de Todos propuso mesas de diálogo multipartidario y la creación de un observatorio de productividad legislativa. Si bien las diferencias persistieron, estos intentos evidenciaron la preocupación transversal por revertir la inercia y garantizar que el Parlamento recupere su rol protagónico.
Por su parte, la diputada Mariana Sosa (Frente de Todos) remarcó que“sin acuerdos mínimos es imposible avanzar en leyes que mejoren la vida de los porteños. La falta de voluntad política de algunos sectores ralentizó iniciativas urgentes“.
Balance y perspectivas
El 2025 dejó en evidencia que la eficacia legislativa es clave para la buena gestión pública y el desarrollo de la Ciudad. La merma en la actividad parlamentaria impactó negativamente en áreas críticas, postergando soluciones y generando incertidumbre. Sin embargo, el compromiso de algunos sectores por buscar consensos logró la aprobación de proyectos fundamentales para la administración local como la Ley de Presupuesto 2026, la construcción de la nueva línea F de subte; la reforma del Código Urbanístico y la ley de Ficha Limpia.
